miércoles, 9 de noviembre de 2011

SIN RIESGO NO HAY CAMBIO

Steve Jobs, fundador de Apple / Foto Reuter

“Cuando se innova se corre el riesgo de cometer errores. Es mejor admitirlo rápidamente y continuar con otra innovación”. Eso decía Steve Jobs, el enigmático, reservado y visionario fundador de Apple que revolucionó el mundo desde un garaje de Cupertino.
Jobs conoció la precariedad y las dificultades en los inicios de su proyecto y estuvo al borde del fracaso, pero no desistió. La clave de su éxito –además de una creatividad y una capacidad de innovación incontestables- fue mirar siempre al frente y convertir cada revés en una oportunidad para avanzar aprendiendo.
Cuando uno enfrenta un nuevo proyecto le planta cara también a obstáculos propios y ajenos, pero los primeros acostumbran a ser difíciles de asimilar.
Asumir que buena parte del problema que se nos plantea está precisamente en nosotros no suele ser de fácil digestión. Puede ser complicado acostumbrar al estómago a procesar las frustraciones, sobre todo si se trata de enmascarar con almibaradas excusas el sabor amargo de las limitaciones.
Más fácil recurso es echar tierra a los ojos del compañero que abrir los propios para avistar el camino. Victimismo y autocompasión son buenos pretextos para lanzar sobre ajenos culpas personales, pero no sirven sino para hacer más sórdida la más íntima miseria.
Afrontar las dificultades, admitir las imperfecciones, sacudirse el polvo y alzar la mirada después de un revés denota madurez y afán de superación. De los errores también se aprende.
Mejor arriesgarse y experimentar que arredrarse y asentarse en un eterno titubeo. Resuelto, sin pausa, para abrir paso a nuevos proyectos.

lunes, 31 de octubre de 2011

PUEBLOS DESPOBLADOS

Cebollas secando en la ventana de una vivienda rural / Foto P. F.

Los pueblos se quedan ya vacíos, expuestos al rigor del frío invierno que parece querer asomar después de un extraño y atípico verano.
Tras el vigor recuperado en los meses estivales, que llenaron de jolgorio y algarabía las cocinas y corrales, las calles volvieron a sonar a murmullo en los primeros días de septiembre. Y ahora, llegados ya los primeros fríos, el susurro ha de volverse sordo.
Los que se fueron con el verano regresan para visitar las tumbas de sus familiares y recoger los últimos frutos que los árboles quisieron arrojar al suelo.
Una última mirada a la tierra que se añora, a la casa que acogió risas sin prisas, y la mente puesta en la primavera.
Entonces volverán, como las golondrinas, a rehacer los nidos y prepararse para dar de nuevo vida y bullicio a las calles que ahora quedan a merced del viento y el frío.
La cuestión es cuánto tiempo aguantarán en pie las paredes de las casas ya vetustas, cuánto resistirán el envite de la soledad y del silencio.

viernes, 21 de octubre de 2011

YO HOY QUIERO LLAMARME PAZ


Dice una buena amiga que hoy quiere tener mi nombre.
Desde que ETA anunció ayer el abandono de las armas, Blanca no puede –ni quiere- alejar de su memoria a su padre -que murió sin haber visto el fin de la banda armada-, ni tampoco a la familia amenazada y obligada a abandonar el País Vasco de su amiga María.
No les he visto nunca, pero les conozco. Son la familia y amigos de tantos que es imposible alzar la vista y no reconocerlos.
Son los hombres y mujeres que lucharon para hacer entender que la violencia sólo engendra dolor. Desde el lugar que les tocaba.
Son los muertos que saltaron por los aires al estallar una bomba en un autobús, en un supermercado, en un cuartel.
Los que sintieron el calor de la sangre corriendo por sus rostros.
Los que vieron de frente la cara de quien incrustaba una bala en su cabeza.
Los que sintieron el cañón de una pistola en la nuca.
Los que miran siempre hacia atrás con miedo.
Los que sienten cada día la dolorosa ausencia del inocente.
Los que tuvieron que abandonar casa y familia.
Son los que apretamos los dientes con rabia cuando la sangre se derrama. Los que limpiamos furiosos las lágrimas, impotentes ante la barbarie.
Somos los que ahora vemos a unos individuos encapuchados, con chapela y puño en alto, reivindicando una victoria que no les corresponde.
Dice mi amiga Blanca –hoy más real que nunca- “yo hoy quiero llamarme PAZ”, así con mayúsculas. Y yo comparto mi nombre.
Ojalá sea para siempre.

lunes, 17 de octubre de 2011

PUNSET, EL FLAUTISTA QUE SEDUCE A LOS JÓVENES

Eduardo Punset

Dice Eduardo Punset que cualquier tiempo pasado fue peor. Reconoce haber tardado mucho en descubrirlo pero afirma tajante que lo mejor está por llegar. Lo dice rotundo, con la serenidad y la firmeza de sus 74 años y -lo que es mejor- lo expone ante más de mil personas que le siguieron hace unos días, cual flautista de Hamelin, hasta abarrotar el Auditorio del Palacio de Congresos de Salamanca, donde presentaba su libro “Excusas para no pensar”.
La inmensa mayoría de ese Auditorio eran jóvenes, estudiantes, inquietos, ávidos de escuchar al invitado más deseado del Salamanca Social Science Festival (S3F), mucho más que los reputados economistas –incluidos dos premios Nobel- que se dieron cita durante cuatro días para hablar de la crisis.
Y Punset no defraudó.  Ante una sala llena hasta la bandera, con jóvenes ocupando las escaleras –cualquier cosa para no quedarse fuera-, el comunicador se levantó, dejó el lugar que le habían reservado y se acercó al borde del escenario, apoyándose en un atril, para sentir el calor de la gente que había acudido a escucharle.
“Os ha tocado la difícil tarea de ser los líderes de la manada en un momento poco cómodo”, dijo, pero no dejó un resquicio al desaliento. “Si tenéis que tomar una decisión y tenéis todas las variables, utilizar la razón; si no, dejaros llevar por la intuición porque es el inconsciente el que decide por nosotros”, aseguró.
El economista y científico animó a reforzar la autoestima “para enfrentar el mayor y más complejo desafío: el vecino, que es quien nos plantea las situaciones más difíciles”.
Consciente de que su público mayoritario era joven, y para rebajar el ambiente circunspecto de las jornadas sobre economía, aventuró un gran cambio social que constatará la disminución de los niveles de violencia y el incremento del altruismo. “Si somos capaces de hacer una correcta gestión de las emociones, vamos a cambiar el mundo”, concluyó.
Así sea.

lunes, 10 de octubre de 2011

LECCIONES MAGISTRALES SOBRE LA CRISIS ECONÓMICA


Paraninfo de la Universidad de Salamanca durante el S3F
Cuatro días en el Salamanca Social Science Festival (S3F), escuchando a ilustres economistas españoles y extranjeros analizando la situación actual y apenas se pudo escuchar más de lo mismo. Alrededor de 60 expertos -dos premios Nobel incluídos- no hicieron sino contar lo que ya ha ocurrido pero ninguno se atrevió a decir con claridad lo que hay que hacer para salir de esta situación de crisis, que a estas alturas ya sabemos que no sólo afecta a la economía.
Dicen los académicos que no son adivinos y que no pudieron predecir el alcance de esta crisis. Algunos incluso esbozaron algunas posibles soluciones –nada que no hayamos escuchado ya en los últimos meses- pero todos repetían el término “dolor”. Cualquier medida que se adopte para intentar paliar esta situación y tratar de evitar que se repita –al menos con esta magnitud- será dolorosa; mucho. Es decir, que afectará a los más desprotegidos, a los más débiles y, casi con total seguridad, a los que menos responsabilidad han tenido en este tinglado.
Preparémonos, pues, para un largo y costoso proceso de adaptación a los cambios que han de llegar –mejor pronto que más tarde- y para recibir la información que se nos ha ido negando y que un día deberemos asimilar. Parece -dicen los expertos- que hay una capacidad de recuperación importante pero habrá que afrontar reformas en el mercado laboral, financiero y, sobre todo, en el modo de ver las cosas.
Los académicos abren una puerta a la esperanza y confían en que las cosas puedan hacerse mejor en el futuro, que puedan corregirse los errores para que las crisis venideras –aquí también se repiten los ciclos- si no inevitables sí sean más leves.
Hubo en las aulas universitarias de Salamanca lecciones magistrales, pero no pudieron serlo las soluciones, a pesar del maratón de 96 horas en las que economistas, estudiantes y ciudadanos intercambiaron conocimientos y opiniones. Ni los expertos más reputados ni todo el conocimiento concentrado en tan ilustre Universidad pudieron fabricar una varita mágica.
 Al final, una idea que parece una perogrullada: si gastas más de lo que ganas, acabarás teniendo muchos problemas.
Lo dice gente con título universitario.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

LA SONRISA EN SUS DEDOS


Los dedos recordaban cada centímetro de su piel
Las yemas de sus dedos recordaban cada centímetro de su piel. Había memorizado su cuerpo con la precisión de un experto cartógrafo.

Con los ojos cerrados, movía las manos en el aire, reproduciendo cada uno de sus pliegues. Su boca, sus pechos, sus muslos. Los pensaba y hasta sus partes más recónditas experimentaban un estremecimiento delicioso.
Un tímido rayo de sol comenzaba a calentar sus párpados, pero se negaba a abandonar ese dulce letargo. Quería recorrer de nuevo su cuerpo. Hasta el infinito.
Evocó aquella primera vez y esbozó una leve sonrisa en sus dedos.
Aún había espacio para el deseo.

viernes, 9 de septiembre de 2011

11 - S; UNA DÉCADA DE IMÁGENES Y RECUERDOS


Las Torres Gemelas de NY durante el ataque terrorista del 11 - S de 2001/Foto El País



Se cumplen diez años del mayor atentado terrorista y desde hace días las imágenes vuelven a repetirse, inundando los medios de comunicación y las retinas de recuerdos de una tragedia imposible de olvidar.
Hay fechas que se graban en la memoria y que reviven escenas nuestras vidas con la nitidez de lo reciente, obviando que ha transcurrido ya una década y empeñándose en transformar en inmediato lo lejano.
Minutos después de que el primer avión se estrellase contra una de las Torres Gemelas de Nueva York llegaban las imágenes a todas las televisiones, sin que nadie pudiese aventurar entonces el origen ni la fatídica repercusión de aquel choque. Las emisoras de radio peleaban también para dar una información de la que carecían. La tragedia se siguió en directo.
Mi primer día de vuelta al trabajo tras las vacaciones resultó sobrecogedor.
Invitada a comer en casa de unas amigas, la vista no podía separarse del televisor ni las manos del mando a distancia, que manejaba con urgencia, buscando una respuesta que tardaría varias horas en llegar. Los aparatos de radio de la casa comenzaron a funcionar simultáneamente, siguiendo distintas emisoras, confiando en obtener una información que nadie podía ofrecer.
Estupor, sorpresa, desasosiego, sobresalto, angustia. La sensación de vértigo aumentó cuando el segundo avión impactó sobre la segunda torre y poco después la primera se vino abajo. La comida seguía en la mesa, fría, casi sin tocar.
Junto a los vídeos de la tragedia –vistos después cientos de veces- recuerdo con nitidez a la periodista Ana Blanco intentando informar a los espectadores de Televisión Española con los escasos datos de que se disponían, poniendo letra a unas imágenes que se repetían una y otra vez. Hasta que llegaban las aportadas por videoaficionados o periodistas ocasionales, y volvía de nuevo la rueda, esta vez un poco más grande.
Permaneció Ana Blanco durante horas al pie del cañón, mientras otras cadenas relevaban a sus informadores. Ella llegó al final de la noche casi sin voz pero no abandonó el sillón desde el que informaba hasta mucho después de confirmarse la destrucción del World Trade Center por un ataque terrorista y del impacto de un tercer avión sobre el Pentágono.
Ahora recordará aquella fecha –y muchos con ella- desde el lugar al que tantas veces miró hace una década sin saber muy bien qué ocurría. Hoy están claros los datos de la tragedia.
El día fue terrible, interminable, como lo es ahora su recuerdo.
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