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miércoles, 20 de julio de 2016

#TWRelatos UNA RED






Le puso una red en las manos y empezó a pescar: amigos, novias, seguidores..., cualquier cosa que se moviese, con @rrogancia. 
#TWRelatos


jueves, 14 de julio de 2016

#TWRelatos TANTAS COSAS





Dijiste tantas cosas y ahora no sabes si entrar o salir de su vida. Cha-post-easte y no ves el modo de salir del charco. 
#TWRelatos


viernes, 8 de julio de 2016

#TWRelatos VIRTUAL





Me agregó como amiga y sólo quería sexo. Virtualmente sigue siendo el mismo imbécil. En realidad el tiempo no lo cambió tanto. 
#TWRelatos

lunes, 4 de julio de 2016

#TWRelatos INCOHERENCIAS





Hablaba de libros, de papel, de teléfonos... Incoherencias. Nadie entendía lo que decía. ¿De qué tweet se habría escapado? 
#TWRelatos 



miércoles, 22 de junio de 2016

#TWRelatos EL FÚTBOL





El fútbol era su gran pasión pero el amor de su vida lo encontró una noche de tormenta, cuando desnudaba sus miedos en el chat. 
#TWRelatos


jueves, 16 de junio de 2016

#TWRelatos AGENDA





Llenó su lista de arrobas y perfiles, aunque su agenda estaba tan vacía como antes. Sólo contaba con sus amigos, los de siempre. 
#TWRelatos


lunes, 13 de junio de 2016

#TWRelatos ME QUERÍAS




Me dijiste que me querías, pero el amor duró hasta que decidí cerrar sesión; no soportaba más tanta profusión de @s 
#TWRelatos 


viernes, 10 de junio de 2016

#TWRelatos JEFE




Su jefe le pidió relaciones en FB pero ella prefiere seguir tratándolo de usted. 
¡No quiere ni que la twittee! 
#TWRelatos

miércoles, 8 de junio de 2016

#TWRelatos LUEGO EXISTES




Charla-escribes, luego existes.
#TWRelatos

(Un pequeño reto para un puñado de relatos de no más de 140 caracteres)


martes, 20 de noviembre de 2012

NUNCA LE HABÍA REGALADO FLORES



Rosa roja, una por cada año de dolor
Nunca le había regalado flores. Quiso haberlo hecho antes pero no había encontrado el momento.
La descubrió radiante, deslizando el tenedor a su sitio exacto, estirando la servilleta con los dedos, colocando la copa frente al plato, a la derecha, con precisión milimétrica.
Había preparado mesa para dos, velas, un pequeño adorno floral, un buen vino.
Lucía espectacular: vestido negro, tez morena y labios de un rojo intenso, como el día en que él quedó para siempre prendido de su sonrisa.
La cena tenía que ser perfecta.
La sorprendió el sonido de la puerta y el corazón volvió a dar un vuelco. Se giró con rapidez, desconcertada al verle de pie, con un ramo de rosas en la mano.
“Te traigo un regalito, cielo”, dijo sin dejar de observar la mesa organizada con mimo. Y levantó la mano para que pudiese ver las flores.
Ella dio un paso atrás, sobresaltada, mirando fijamente el puño que tantas veces la había golpeado. Y su sonrisa se transformó en temor.
Arrastró con ella parte del mantel y las copas cayeron sobre la mesa, derramando el vino sobre la alfombra.
El lanzó con fuerza las llaves y arrojó las flores contra el suelo. Se acercó a ella con paso firme y agarró sus hombros con fuerza.
“¿Y ahora qué, siempre tienes que ser tan torpe?”, gritaba. Apretó los dientes mientras la zarandeaba y sus ojos le devolvían el reflejo del terror, de la pesadilla repetida.
Había preparado esa cena con detalle: su plato favorito, el vino que más le gustaba, el vestido que había rescatado del fondo del armario, el pelo suelto, ondulado, como aquel primer día.
Dejó caer el cabello sobre la mejilla para disimular el morado de su rostro y cubrió sus piernas con medias negras para esconder las marcas de su última derrota. Ensayó su mejor sonrisa y contuvo la respiración.
Trece años; debía ser el momento del cambio. La cena tenía que ser perfecta, sólo así comenzaría la metamorfosis, se acabaría la tiranía y la sumisión; todo sería como al principio. Lo había prometido.
La zarandeó con rabia, lleno de ira, y ella cerró los ojos. Pasó la mano por su cabello y sintió el calor húmedo de la sangre deslizándose entre sus dedos, tiñendo de rojo la negra melena. ¡Seguía siendo tan bella!
Debía ser el momento del cambio; ya no habría más golpes, no más abusos, ya no más palizas. Lo había prometido.
En el suelo, trece rosas, una por cada año de dolor; rojas, como la sangre que brotaba de su cabeza.
Nunca le había regalado flores. Quiso haberlo hecho otras veces pero no había encontrado la ocasión.

lunes, 29 de octubre de 2012

MI ABUELO HA VUELTO A LAS ANDADAS




Dos imágenes de Braulio Melcón (arriba izda. y abajo dcha.), colgadas en la pared del bar Rancho Grande, de Cistierna


Mi abuelo ha vuelto a la taberna. Tres décadas después de su muerte, Braulio ha regresado a uno de los bares en los que se reunía con amigos y conocidos, para nostalgia de unos y descubrimiento de otros.
En el bar Rancho Grande, en la mismísima Plaza Mayor de Cistierna, en León, a los pies de los Picos de Europa, se han instalado unos cuantos personajes y un montón de recuerdos, congregados a través de fotografías antiguas tomadas en el propio bar o en las proximidades. Y mi abuelo, que animó muchas y largas veladas en ese y en otros establecimientos de la villa, se sumó a la fiesta.
Braulio Melcón era conocido en todo el contorno, tanto como el borrico del que se servía para realizar su trabajo. Era Braulio, el del burro, y la fama de ambos traspasó fronteras.
Fue mi abuelo sepulturero y precursor en el tratamiento de residuos sólidos urbanos; es decir, el que recogía la basura y la transportaba en el carro hasta el basurero –no había entonces CTR ni nada que se le pareciese.
Luego se recicló y transformó su empresa –él, su carro y su burro, básicamente- y se convirtió en transportista de mercancías generadoras de energía; o lo que es lo mismo, repartía a domicilio el carbón que la empresa minera de la zona entregaba cada mes a sus empleados.
Socarrón, creador de chascarrillos y amante de la juerga, contribuyó denodadamente a la promoción de los vinos de la tierra, sin hacer ascos a un Rioja o un Valdepeñas, que debían ser los más afamados de la época. Y en su empeño por fomentar la viticultura y el florecimiento de las empresas del ramo, no había día que no chatease en unos cuantos bares de la villa, cuando chatear no tenía más significado que tomarse unos cuantos chatos de vino.
El burro, fiel y paciente compañero, le acompañaba abnegado en el recorrido, y no había más que observar dónde se encontraba el pollino para descubrir en qué cantina estaba repostando el dueño. A la voz de “¡tira p´alante!”, el borrico seguía sin dudar hasta la siguiente parada, que más que animal parecía un noble sirviente. Y ahora, Braulio, el del burro y el burro de Braulio -tanto monta- han vuelto a las andadas.
Al burro no sé pero a mi abuelo se le ve la mar de contento.

miércoles, 11 de abril de 2012

LLEGARÁ EL DÍA


Manos acariciando una despedida
Llegaría el día en que pensase en él sin dolor pero ahora su silencio le causaba una herida urgente, impetuosa.
Había prometido amor, dulzura, pasión; una vida plena. Sólo le había dado un par de arrumacos y algún encuentro furtivo. Ahora, mutismo.
Había entrado en su vida de modo sutil pero se había vuelto abrupto, infranqueable. Era momento de sacarle de su mente pero no sabía siquiera si podría alejarse levemente.
Le había querido tanto que el recuerdo de su nombre le quemaba la garganta.
Pudo haber dicho tantas cosas. Y calló. Siempre callaba. Esperaba siempre.
Volvía la mirada y le veía allí, frotando nerviosamente las manos, vigilando si alguien les observaba, agarrándose sigilosamente a sus caderas, regalándole algún beso breve e intranquilo.
Aparecía sin anunciar y se iba también sin aviso previo, pero cuando llegaba requería su atención en exclusiva.
Le decía exactamente lo que quería oír, le dedicaba una sonrisa, le obsequiaba una caricia.
 Luego se llevaba su voluntad y le dejaba el aroma inconfundible de su cuerpo. Y un nuevo engaño. “Nos vemos pronto”, repetía. Y el señuelo quedaba preparado.
Esperó mucho, mucho tiempo, pero había decidido no esperar más.
Le deseó mil noches y no estaba, le llamó mil veces y no acudía. Siempre un problema, siempre una excusa, siempre una evasiva.
Siempre desaliento, siempre desencanto.
Se cansó de ser el “otro” clandestino y quiso poner fin a tanta desilusión.
Avanzó con paso firme y selló sus labios con el último beso apasionado.
Te quiero, pero ya no te amo”, le dijo.
Apretó contra las suyas sus manos temblorosas, miró inmutable a los ojos del amante sorprendido y sintió que finalmente se había liberado.
La próxima vez tendría que reunir el valor para decirlo.
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