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jueves, 23 de junio de 2016

VOTAR CON LA NARIZ TAPADA


Mujer votando en las elecciones generales del 20D



En la segunda convocatoria electoral en seis meses los líderes de los partidos políticos siguen en sus trece, enrocados en sus posturas antiguas, empecinados en no moverse un milímetro, rígidos como estatuas pero no silenciosos. Repiten los mismos argumentos, los mismos lugares, las mismas palabras, idénticas medias verdades. Cansan, aburren y cabrean, cabrean mucho.

Esta campaña electoral del 26 de junio sería un calco de la anterior del 20 de diciembre de 2015 si no fuese porque Izquierda Unida decidió seguir el canto de sirena de Podemos. Por lo demás, PP, PSOE y Ciudadanos podían haberse ahorrado el gasto en cartelería y marketing. No hay nuevos candidatos, no hay programas diferentes, no existen posturas novedosas; sólo un catálogo de tienda sueca.

En definitiva, que si los líderes no consiguieron ponerse de acuerdo en seis meses ha sido culpa de los electores, que no hemos votado lo que a ellos les convenía para cuadrar sus cuentas. Como no hicimos lo que debíamos estamos castigados a repetir, como niños en el colegio. No nos dejaron para septiembre, sino para junio, así que a ver si ahora demostramos que hemos estudiado lo suficiente para aprobar, si fuese posible con nota.

Para mear y no echar gota. Discúlpenme lo indecoroso de la expresión pero a estas alturas una ya no está para mostrar recato sino cabreo, rayano ya en lo colérico.

Que líderes políticos, con una supuesta formación académica, con un presunto interés por el bien público, con una hipotética dedicación a procurar el bienestar de sus conciudadanos, se mantengan en sus posturas, como niños enrabietados en el patio del colegio, me parece de suspenso y expulsión. No caben medias tintas.

Quien quiere una mayoría y no lo consigue ha fracasado. Si no tiene la capacidad de llegar a un consenso con sus adversarios políticos por el tan manido bien común vuelve a fracasar. Si aun así se empeña en seguir los pasos que le llevaron a errores anteriores demuestra una necedad supina.

¿De verdad no hay nadie en los partidos políticos con reaños suficientes para pegar un puñetazo en la mesa y castigar a esos líderes a llevar orejas de burro de camino a casa? Visto lo visto, la opinión de los electores tampoco es que se tenga muy en cuenta. 

Si, como predicen las encuestas, el panorama va a ser similar al del 21D, salvo el supuesto sorpaso de Podemos al PSOE, si ningún partido va a tener mayoría suficiente para gobernar sin pactar y si los dirigentes políticos mantienen sus posturas, que Dios nos pille confesados.

Si el resultado del 26J no les convence igual vuelven a convocarnos para dentro de otros seis meses, a ver si consiguen convencernos de que votemos lo que les conviene. Todos coinciden en que no ocurrirá pero ¿a estas alturas de la partida alguien cree algo de lo que dicen los líderes?

La falta de credibilidad se la han ganado a pulso; en eso sí se han empleado a fondo. Y tan contentos, abrazando niños, saludando mujeres en los mercados, sonrientes mientras hacen el pino ante una cámara.

Una decepción más y me bajo del tren. Ya lo he oído decir a mucha gente. Ahora mismo lamento no ser militante de un partido para darme el gusto de presentar mi baja con protesta sonora. Bastante hago tapándome la nariz al depositar mi voto.



lunes, 25 de mayo de 2015

TIEMPO DE CAMBIO, TIEMPO DE POLÍTICA

Resultados de las Elecciones Municipales del 24 de Mayo / Fuente: El País



Después de una jornada electoral todos los partidos políticos ganan, nadie pierde, o eso se empeñan en decir con una sonrisa forzada, histriónica, mientras aprietan los dientes recordando la frase de la tonadillera entrullada, esa de “dientes, dientes, que es lo que les jode”. Pues eso, que por unas cosas o por otras, todos sonríen, aunque unos con menos motivos que otros.
 
Véase, si no, cómo los dirigentes del PP se afanan en mostrar su lado más festivo diciendo, por ejemplo, que todos les envidian por haber sido el partido más votado. A Carlos Floriano se le olvidó que por el camino se han dejado unos cuantos miles de electores decepcionados que decidieron darles la espalda y que han hecho que pierdan el poder en feudos hasta ahora exclusivos y fieles, algo impensable hasta ayer mismo. Amarga victoria.

Pedro Sánchez, la cara galana del PSOE, hincha el pecho para erigirse en líder de la mayor fuerza de la izquierda, aunque también haya perdido por el camino otros cuantos miles de votos, que han preferido mecerse en los brazos de Podemos y agrupaciones similares resguardadas bajo el mismo paraguas. Recupera, eso sí, bastiones históricos, siempre que le apoyen los que se ha cansado de llamar populistas; los de la coleta, vaya. Dulce extravío.
 
Los emergentes, los de sin experiencia previa, los que eran poco menos que el demonio con tridente, son en muchos casos San Pedro; vamos, los que tienen las llaves de los cielos de un buen puñado de Consistorios y Comunidades Autónomas. Otro ¡zas! en toda la boca.

Entre los morados de Podemos y los naranjitos de Ciudadanos han dado un revolcón a los dinosaurios. No les derriban pero les han dado unas dentelladas en los cuartos traseros que les han hecho agacharse y mirar abajo, que es una dirección a la que habían perdido la costumbre de echar el ojo.
 
Si se interpretan los resultados de las Elecciones Municipales en clave nacional -es como se están viendo estos comicios desde meses antes de celebrarse-, como si no, lo cierto es que obligan a abrir puertas y ventanas, a que corra el aire y se lleve a tantos paquidermos como han campado a sus anchas por los verdes pastos de las instituciones durante décadas. Y se han producido hasta tornados, que harán levantarse de sus poltronas a los más carcas, a los que se habían fosilizado aferrados al sillón casi desde que sus madres les trajeron al mundo.

Lo que ha salido de las urnas, además de un batiburrillo de siglas, es unos Consistorios y unos Parlamentos multicolor, en los que habrá que hablar, que negociar; en definitiva: HACER POLÍTICA; un ejercicio casi olvidado en tiempos de grandes mayorías que han apuntalado grandes soberbias.
 
Toca ahora sentarse y dar, de una vez, protagonismo a los ciudadanos, a los electores; alzar la mirada más allá del ombligo. Falta que los elegidos sepan estar a la altura y hacer de verdad política, en la acepción más ética de la palabra. Así sea.


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