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viernes, 18 de marzo de 2011

“YAMATO-DAMASHII”

Entre 80 y 300 japoneses llevan casi una semana sometidos a altísimas dosis de radiación en la central nuclear de Fukushima, en un intento desesperado de evitar un desastre aún mayor que el causado por el terremoto y el tsunami que hace ocho días estremecieron al mundo.
Dicen que su entrega es un ejemplo del “yamato-damashii”, del espíritu japonés que, en medio de una serie de desgracias difícilmente digeribles, ha permitido que esperen imperturbables durante horas para alimentar sus vehículos con unos cuantos litros de combustible. Ni un incidente.
Personajes anónimos, sin rostro, luchan ahora por impedir que la fuga radiactiva se extienda, conscientes de que su empeño no logrará esquivar su trágica suerte. Jubilados y de edad avanzada, sacrifican su incierto futuro por la certeza de un desenlace fatal.
Hoy batallan con un enemigo invisible, que no indetectable, que se infiltra silenciosamente hasta la descomposición.
 Mañana erigirán un monolito en su memoria.

sábado, 12 de marzo de 2011

TIEMBLAN LAS ENTRAÑAS

Tiembla la tierra y las aguas se revuelven. La naturaleza se revela asolando lo que se interpone hasta la destrucción.
Primero un ligero zumbido, cosquilleo bajo los pies, y luego la brutal convulsión. Todo se mueve con violencia. Después, un mordisco en el estómago y el pánico. Incertidumbre, pavor, alarma.
Cuando los barcos navegan por autopista en Sendai el cuerpo se estremece. Algo falla.
Una carretera abierta como un melón, casas nadando en mares de escombros, agua en lugar de tierra; barro donde había agua. Desolación.
Las imágenes se suceden, una y otra vez, pero su crudeza no remite. Tiemblan las entrañas hasta el vómito.
Mañana será día de macabro recuento.
UA-25632333-1