jueves, 8 de marzo de 2012

LUCHA Y CORAJE TAMBIÉN SE LLAMAN DOMITILA


Domitila Yugueros, Cistierna 1994
 Mi abuela se llamaba Domitila, señora Domi para la mayoría de la gente que la conoció. El tratamiento se lo ganó a pulso, por su edad y porque era toda una señora.
Apenas fue al colegio porque había que ayudar en la casa, cuidar de los hermanos menores y trabajar las tierras que sus padres llevaban de renteros, así que tuvo que dejar la escuela al poco de entrar en ella para ejercer de ama de casa, trabajadora del campo y madre siendo apenas una niña.  
Vivió una guerra civil y sufrió los bombardeos escondida en un sótano, en cuclillas y protegiendo a su hija entre sus brazos. Conoció el temor al paseíllo de sus hermanos varones y vivió la angustia de muchas noches en vela, alerta ante cualquier sonido que delatase la llegada de una patrulla armada.
Fue esposa y madre y sufrió la larga enfermedad y muerte de su hijo varón y benjamín cuando este acababa de cumplir 18 años. El luto la acompañó siempre pero nunca perdió la alegría.
Pasó por las penalidades que muchas otras mujeres y vivió con necesidades, pero no con hambre. Lo poco que daban las tierras que trabajaban y pertenecer a una familia de pescadores ayudó a alejar la miseria, y también a calmar el hambre de muchos de los que la rodeaban.
Aprendió de su madre a ser generosa y a compartir lo poco que tenían cuando había cerca otros más necesitados, por eso aún hay gente que la recuerda llevando a su casa un canasto con un puñado de legumbre y unos cuantos peces para calmar el hambre de varios días de la prole.
No supo de asociaciones feministas ni de jornadas reivindicativas, pero ayudaba a quien lo necesitaba, sin detenerse a mirar su género o procedencia. Siempre desprendida, siempre dispuesta.
Sus manos se arrugaron con el paso de los años y retorcieron sus huesos el agua helada y el continuo roce de sus puños contra la ropa mientras lavaba en el río. Su cuerpo se llenó de arrugas, pero no su rostro, ni su espíritu.
Tuvo siempre una memoria prodigiosa, por eso nunca olvidó los momentos de trabajo duro y sacrificio, ni olvidó tampoco transmitirlos. De convicciones férreas, imprimía carácter a cuanto hacía y sentenciaba, incluso cuando tenía que ayudarse de un bastón en sus breves paseos.
Su historia podría ser la de muchas otras mujeres, luchadoras, con coraje, generosas, que enseñaron los valores con su ejemplo, como a las que se suelen rendir homenajes. Pero esta historia es suya, de Domitila Yugueros Andeón, hija de Nicasio y de Gertrudis, nacida un 28 de febrero de comienzos del siglo pasado, que combatió con energía todos los obstáculos de su larga vida, y sólo a ella pertenece.
Su lucha, su fuerza y su ejemplo siempre están presentes. Hoy simplemente los comparto.

jueves, 1 de marzo de 2012

LA INCUESTIONABLE SABIDURÍA DEL PODEROSO


El presidente de la CEOE, Juan Rosell (derecha) y Juan Luis Feito / Foto Europa Press

Están los dirigentes de la CEOE aplaudiendo con las orejas la nueva reforma laboral, que viene a otorgarles poder absoluto para hacer y deshacer a su antojo sin medida ni control, que les proporciona poder suficiente para contratar y despedir, pagar o dejar a deber, y exigir pleitesía a sus trabajadores sin que se les despeine ni una sola de las ondas del flequillo. En definitiva, que les nombra dueños y señores y les otorga prerrogativas propias de los monarcas absolutistas; sí, aquellos que acabaron con sus cabezas separadas del cuerpo después de sufrir un accidente tonto con una guillotina.
Pero como siempre ocurre, que cuando más das, más te piden, los señores de la cúpula empresarial no tienen suficiente con ejercer –una vez más- su influencia más rotunda sobre el legislador; van más allá y se proponen a sí mismos como auténticos cerebros de un nuevo cambio de legislación que les otorgue ad eternum patente de corso. Para eso son poderosos -que para algunos es sinónimo de sabiduría- y por eso su palabra pretende ser ley. Y punto.
Ya han dicho que, si por ellos fuese, un parado que rechace un puesto de trabajo “aunque sea en Laponia”, no tendría derecho a percibir una prestación.
¡Ole, ole y ole! Sí señor, como debe de ser. A ver si un señor –o señora, que no he oído hablar en esto de discriminaciones- va a tener ahora derecho a negarse a aceptar un trabajo con horario flexible –es decir; de 12 horas- con jornadas continuadas –sin descanso semanal-, con remuneración optimizada –sin pagas extraordinarias-, cobrando nada menos que un sueldazo de 800 euros.
¿Y con esas condiciones todavía no está dispuesto a coger el atillo y marcharse a Laponia? A ver dónde va a pensar que vive ese sujeto, que igual se siente un potentado y hasta hace amago de presentar su candidatura a la presidencia del órgano que representa a la patronal. ¡Faltaría más!
Para mí que es un exceso de gomina, de loción capilar o de almidón en los cuellos de las camisas, que se pasan en las dosis, y luego se les suelta la lengua sin que las palabras puedan llegar a procesarse en el cerebro.
Quien habla de parados como si fuesen delincuentes, lo más cerca que ha estado de esa situación ha sido al pasar su coche con chófer dos calles más allá de una Oficina de Empleo. Quien es capaz de mandar alegremente a un desempleado “a Laponia” no ha dejado su casa más que por viaje de placer o por cuestiones de trabajo; en el primer caso, sarna con gusto; en el segundo, acostumbra a alojarse en un cinco estrellas o en un exclusivo resort para celebrar una junta general, que suele tener poco de general y bastante más de ajunta.
Lo siguiente –está al caer; calculo que no será más allá de unos pocos días- será exigir que se implante de nuevo la famosa Ley de Vagos y Maleantes que tan buenos resultados dio a un señor con bigote, y que le permitió barrer de la calle o echar fuera de su casa a cuantos “indeseables” que amenazaban la integridad del país -¿o era nación?- con su pobreza, su identidad sexual o por dedicarse al peligrosísimo mundo de la farándula.
Pero ándense con cuidado, oigan, que a toda tortilla, para que cuaje, le llega el momento de dar la vuelta. Y quien hoy se queja de las reivindicaciones de los trabajadores puede verse muy pronto echando el cierre de su chiringuito y haciendo cola a las puertas de una oficina, junto a los que hoy ve como inmundos maleantes. Y en esas circunstancias, sobrevive mejor quien está acostumbrado a la moderación y a la cautela que quien aterriza de golpe en la precariedad procedente del abuso y del exceso.
El contrapunto del poder absoluto puede estar en la revolución –a veces también absoluta- y en ocasiones estas acabaron con alguna cabeza dentro de un cesto.

viernes, 10 de febrero de 2012

¿Y PODREMOS ELEGIR EL COLOR DEL LATIGO?

Viñeta de Forges sobre la reforma laboral / El País
Acaba de aprobarse la reforma laboral y el país parece un avispero. Las medidas aprobadas por el Gobierno han pillado por sorpresa a un hooligan inglés rezagado, que dormía la borrachera en Benidorm, y a un jubilado alemán de nombre Klaus,  cuando hacía su reserva en un hotel de Mallorca.
A uno y a otro les importa un pito lo que acaban de aprobar los ministros de Rajoy en esa reunión semanal de la que últimamente no salen más que disgustos, pero al camarero que me pone el café y al trabajador de la construcción que arregla la acera les ha sorprendido nada y menos.
A nadie que no haya pasado los últimos años en Winsconsin, o como ermitaño en el Altiplano, le extraña que el nuevo Gobierno haya sacado la tijera de podar y la haya metido hasta el fondo de los derechos laborales. Ya venía anunciando que había que hacer otro “esfuerzo” más, y el terreno lo han dado abonado patronal y sindicatos sin haber logrado un acuerdo durante meses. Tampoco hubiese servido de mucho, la decisión estaba tomada de antemano.
Desde hace un tiempo –parece una eternidad- los trabajadores han ido perdiendo derechos; no pueden enfermar sin miedo a ser despedidos, no pueden dar su opinión –ni cuando se la piden- por temor a represalias y no pueden negarse a ampliar su jornada laboral –de gratis, claro- sin ver caer la espada de Damocles sobre su cada vez más precario contrato.
Hubo un tiempo –remoto- en el que los trabajadores podían exigir el cumplimiento de sus derechos, reclamar un salario digno y hacer valer su negativa a dar su trabajo a cambio de nada; tampoco demasiado, claro, que de todos es sabidos que al que alza la voz le colocan una diana en el pecho y ¡pim, pam, pum!, leña al mono hasta que hable inglés.
Vamos, que el trabajador queda en bolas, indefenso, sin siquiera unos sindicatos con autoridad suficiente para respaldar, para hacer valer los derechos de quienes representan y organizar una oposición dura y contundente a estas medidas.
Y a todo esto, Rodrigo Rato sale diciendo que duda de que los sueldos de los políticos españoles estén a la altura. No dice a la altura de qué, pero se ve que a cada uno le duele lo suyo.
Los que sí están a la altura son los sueldos de la mayoría de los trabajadores –sin el adjetivo de políticos- de este país, pero a la altura del barro. Lo triste es que nadie hace nada en respuesta a esta vuelta de tuerca; otra vez, otra vuelta de tuerca, y otra, y las que hagan falta, que ya estamos avisados de que habrá más.
Y si giramos la cabeza, Gurtel, Garzón, Urdagarín, Grecia, las fosas del franquismo, Camps, las farmacéuticas y los hospitales, el lio del Consejo General del Poder Judicial, Spanair, Siria, la caída del Ibex, el desplome de las ventas de coches…
Como según el refranero, el que avisa no es traidor, a mí sólo me asalta una duda: ¿podremos elegir el color del látigo?
Y esta visión tiene poco de erótica –o quizás sí- y nada de festiva.

miércoles, 8 de febrero de 2012

AU REVOIR MON CHERI

Torre Eiffel y bandera francesa / El Economista
Como los enfants de la patrie vecina no son capaces de vencer limpiamente en el campo de juego se dedican ahora a rociar inmondices sobre el éxito de los deportistas españoles. Ya se sabe, pon a funcionar el ventilador, que el hedor de la merde atufe a todo bicho viviente.
Después del “elegantísimo” comportamiento de buena parte del público en el Roland Garros abucheando al indiscutible Rafael Nadal y de que Alberto Contador cruzase el primero la meta del Tour en les Champs-Élysées en tres ocasiones, los elegantes y exquisitos franceses se han puesto flamencos y, en un intento de ser, además, graciosos, han hecho mofa de dos de los deportistas españoles más laureados.
Un conocido canal de TV insinúa en unos vídeos, con muy poca gracia y pésimo gusto, que Nadal y Contador han logrado sus victorias gracias al dopaje, y se han quedado tan anchos. Ahora que no pueden cantar ese comienzo de La Marseillaise y decir lo de “allons enfats de la patrie, le jour de glorie est arrivé”, agarran una pataleta y salpican saleté por donde pillan.
Mientras, los españoles se han revelado irreductibles en estas y otras disciplinas deportivas y han superado sin despeinarse a las selecciones galas desde hace tiempo.
No se sabe bien si ha sido por un exceso de champagne, de bourgogne, de brié o sólo de beurre, pero ¡manda oeufs! Parece que los enfants de la patrie se han vuelto completamente fous. ¡Ah! y han perdido el charme.
Au revoir mon cheri.

martes, 31 de enero de 2012

ALVAREZ CASCOS ¿LA PRIMERA CAÍDA?


Alvarez Cascos, presidente en funciones del Principado / Efe

Asturias vuelve a tomar protagonismo a nivel nacional tras el anuncio de Francisco Alvarez Cascos de adelantar las elecciones. Ocho meses después de que su formación política ganase las elecciones y seis desde que se hiciese con el gobierno del Principado a codazos -después de dejar en el camino varios cadáveres políticos-, el que pretendía erigirse como nuevo Pelayo se rinde a la evidencia y tira la toalla en lo que puede calificarse de fracaso estrepitoso. No sólo no ha iniciado la reconquista que pregonaba sino que ni siquiera ha logrado gobernar su propio reino de Taifas.
Los comienzos fueron tortuosos, fruto de una pataleta monumental y a golpe de puño en la mesa, al más puro estilo Caín y Abel. Cascos abandonó el PP dando un portazo que dio a los populares muchos dolores de cabeza y les quitó los votos que hubiesen necesitado para gobernar en el Principado. Aquí la derecha –tanto monta Foro como PP- se comportó como el perro del hortelano, y al final no comió ni dejó comer.
Entre medias, el fin de un Niemeyer que había atraído la atención internacional, un Festival de Cine en Gijón patas arriba, un montón de recortes anunciados y otros muchos puestos en práctica y unos presupuestos que no ha conseguido sacar adelante; por decir algo. Vamos, que Asturias parece ahora un patatal, y todo en tiempo record.
Como la broma parecía poca se adelantan elecciones, lo que supone al menos otros tres meses con la economía del Principado paralizada, en el mejor de los casos. En definitiva, que el color de Asturias va a pasar del verde de sus montañas al negro, y no precisamente de su carbón, sino del estado en el que la está dejando la incompetencia de los políticos; de todos sus políticos.
Y de Pajares hacia abajo el panorama no es más alentador; la actualidad de las últimas semanas más bien parece sacada de una novela de Valle Inclán: puro esperpento. Desde Gurtel hasta Camps y sus trajes; desde Garzón hasta las propuestas para que los voluntarios arrimen el hombro para sacar adelante la sanidad pública; desde las perlas de algunos obispos sobre el aborto, hasta el dinero público que pagó el tratamiento de belleza de una presidenta de Diputación. Esto se parece cada vez más a una república bananera.
Y Mariano Rajoy asumiendo en Bruselas –un poco más y le pone fecha- que tendrá que afrontar una huelga general en respuesta a los recortes que aún no se ha atrevido a anunciar aquí. Otros recortes, otras restricciones, otras medidas que asfixian aún más la economía, otros esfuerzos que pedirán siempre a los mismos para que también los mismos sigan aferrados a su poltrona.
A tenor de los acontecimientos la pregunta es: ¿será la de Cascos la primera de las caídas que nos quedan por ver?
¡Pobre Asturias, patria querida! Esto parece un mal sueño después de una borrachera de sidrina.

martes, 27 de diciembre de 2011

GRACIAS


Mouses en grupo, en equipo, en red
Gracias por la compañía, por el cariño, gracias por la amistad, por el afecto. Por respetar la intimidad, por hacer confidencias, por escuchar con interés, por expresar simpatía.
Gracias por la efusividad, por ser cordial, por la dulzura, por momentos de ternura. Por regalar una caricia, por esbozar una sonrisa, por la defensa apasionada, por dedicar algún mimo.
Gracias por momentos gratificantes, por acompañar en la impaciencia, por velar las turbaciones, por calmar el desasosiego, por alejar la inquietud.
Gracias por decir “no”, por reprender, por advertir; gracias por regañar, por corregir, por enseñar.
Gracias por compartir la alegría, por reír a carcajadas, por brindar por la vida, por derrochar optimismo.
Gracias por los abrazos. Gracias por los “clic”.
Gracias a los que estáis. Y a los que poco a poco se alejan, porque dejan espacio para que crezcan los que quieren acompañar y celebrarlo.
Salud, buena conexión. Y millones de gracias.


miércoles, 21 de diciembre de 2011

LOS NIÑOS DE LAS BOLAS


Bolas del sorteo de la lotería de Navidad en uno de los bombos

Otro año más, con la puntualidad de un reloj suizo, los niños de San Ildefonso vuelven a llenar hogares y comercios, calles y negocios, de la música que desde hace décadas marca el inicio de la Navidad. El sorteo de lotería más esperado del año reparte recuerdos e ilusiones, además de –dicen- un montón de dinero.

Vuelven los niños cantores a resonar en los tímpanos, nerviosos pero con voz firme, que para eso han estado ensayando todo el año.

La bola sale del bombo y se desliza por el embudo metálico hasta tocar el cristal de otro pequeño depósito en el que pocas veces entra con determinación. Y se empeña en girar sobre la boca, como dudando si dejarse caer de una vez o tirarse al suelo para poner en danza a todo el personal.

-       Cuarenta y siete mil trescientos noventa y uno. 

-       Mil euros.

Y otro giro al bombo. Y millones de personas pendientes de que el dichoso niño saque de una vez su bola; la que lleva impreso su número, se entiende.

Y el niño que no acierta a cantar el número y se atasca. Y el otro niño que mira sorprendido a su compañero. Y el primero con cara de “trágame, tierra”, hasta que al final se arranca y canta. ¡Uf, vaya trago!

Otra vuelta al bombo y otra pareja de niños. Y vuelta a empezar. 

La bola que sale del bombo, el niño que canta el número, el compañero que canta el premio. Y otra vez que el número no coincide. A seguir agudizando el oído.

Y otra bola más. Ahora gira sobre el cristal, y gira, y gira, y al final acaba en el suelo.
 El niño corre tras la bola. La bola da un bote y se echa a rodar. Cuanto más corre el niño más se apresura la bola. 

El salón de loterías y el resto del país conteniendo la respiración. Y Jonathan Javier persiguiendo la bola hasta que al final la alcanza. Todo el mundo respira al fin. El niño vuelve a su puesto y canta por fin el premio.

-       Mil euroooos.

Tanto sobresalto para eso.

Avanza el día y el gordo no sale. “Claro, como es gordo, le cuesta”, bromea el gracioso.
Cuando consigue librarse del corsé de alambres, el gordo sale, siempre sale, y con él llega la algarabía. Sorpresa, expectación, nervios y un bullir de gente que no sabe muy bien donde va.

Los agraciados aparecen poco después dando saltos de alegría y derramando cava, como si quisieran acabar con la sequía empapándose de alcohol. 

Que si está muy repartido, que si ha alegrado la Navidad a los trabajadores de un polígono en crisis, que si ha tocado donde más necesidad había. No sé qué tiene el dinero que todos quieren tapar agujeros con él.

Y los que no han corrido igual suerte se consuelan con eso de que lo importante es la salud.

Tan seguro como que cada 22 de diciembre se celebra el sorteo de la lotería de Navidad y dos días después es Nochebuena.


UA-25632333-1