martes, 23 de octubre de 2012

EXTRAÑO UNIVERSO DE IMPERTINENCIA Y DESATINO



El ministro de Hacienda, César Montoro / Foto Luis Sevillano-El País
Prensa, radio, televisión, redes sociales, medios analógicos o digitales; todo parece haberse confabulado para dibujar un mundo increíble, disparatado, absurdo. Hoy tengo la sensación de haber abierto una puerta al loco mundo de lo contradictorio, al extraño universo de lo irracional, donde compiten impertinencia y desatino.
Un hombre de 39 años se pega un tiro después de matar a dos personas, entre ellas una niña de 13 con la que había mantenido relaciones.
Un grupo de indignados rodea de nuevo el Congreso.
Interior quiere prohibir la presencia de cámaras en concentraciones y manifestaciones.
Los analistas dicen que la caída del PIB será estrepitosa.
En las elecciones gallegas la abstención ha sido brutal y el PP consigue mayoría absoluta.
En las vascas el PNV es el gran triunfador, a pesar de haber perdido escaños y de que los socios políticos de ETA sí que han logrado un ascenso espectacular.
El PSOE se desploma en ambas comunidades, pero no pasa nada, es culpa de la crisis.
Lance Amstrong pierde todos los Tours porque se ha demostrado que iba hasta las trancas.
Muere una mujer en Brasil después de inyectarla –literalmente- un café con leche en vena.
España es uno de los países donde es más complicado abrir un negocio.
Destapan (¿?) una red de blanqueo de dinero que operaba desde el Chinatown madrileño a través de los negocios del empresario chino Gao Ping.
En Cataluña Artur Mas se pone flamenco y quiere convocar un referéndum para decidir la independencia.
El ministro de Hacienda dice que la crisis se acabará en un abrir y cerrar de ojos y que los presupuestos para 2013 no contemplan recortes, sino que “son los más sociales de la historia de la democracia en España”.
O me han puesto algo en el café o he llegado al circo en medio de la actuación de los payasos.
Eso o que me he levantado con mal pie.




jueves, 18 de octubre de 2012

UN PEDAZO DE CIELO


Decía Aristóteles que “algunos creen que para ser amigos basta con querer, como si para estar sano bastara desear la salud”. Una vez más tenía razón.
En días de grises y luces, cuando la vida te sube a una montaña rusa de emociones e incertidumbres; cuando corazón y estómago se asientan -por turnos- en la garganta; en medio de ese terremoto de pesadumbres aparece siempre la mano amiga, la que te rescata de la aflicción, la que ahuyenta con una sonrisa la tristeza.
Y, de pronto, las manos se multiplican, como gotas de agua en una lluvia de caricias y voluntades.
De la adversidad se sale con fuerza física mermada, pero con el espíritu repleto, colmado, pleno de ánimos y de afectos.
Gracias por ofrecer un pedazo de cielo.


miércoles, 11 de abril de 2012

LLEGARÁ EL DÍA


Manos acariciando una despedida
Llegaría el día en que pensase en él sin dolor pero ahora su silencio le causaba una herida urgente, impetuosa.
Había prometido amor, dulzura, pasión; una vida plena. Sólo le había dado un par de arrumacos y algún encuentro furtivo. Ahora, mutismo.
Había entrado en su vida de modo sutil pero se había vuelto abrupto, infranqueable. Era momento de sacarle de su mente pero no sabía siquiera si podría alejarse levemente.
Le había querido tanto que el recuerdo de su nombre le quemaba la garganta.
Pudo haber dicho tantas cosas. Y calló. Siempre callaba. Esperaba siempre.
Volvía la mirada y le veía allí, frotando nerviosamente las manos, vigilando si alguien les observaba, agarrándose sigilosamente a sus caderas, regalándole algún beso breve e intranquilo.
Aparecía sin anunciar y se iba también sin aviso previo, pero cuando llegaba requería su atención en exclusiva.
Le decía exactamente lo que quería oír, le dedicaba una sonrisa, le obsequiaba una caricia.
 Luego se llevaba su voluntad y le dejaba el aroma inconfundible de su cuerpo. Y un nuevo engaño. “Nos vemos pronto”, repetía. Y el señuelo quedaba preparado.
Esperó mucho, mucho tiempo, pero había decidido no esperar más.
Le deseó mil noches y no estaba, le llamó mil veces y no acudía. Siempre un problema, siempre una excusa, siempre una evasiva.
Siempre desaliento, siempre desencanto.
Se cansó de ser el “otro” clandestino y quiso poner fin a tanta desilusión.
Avanzó con paso firme y selló sus labios con el último beso apasionado.
Te quiero, pero ya no te amo”, le dijo.
Apretó contra las suyas sus manos temblorosas, miró inmutable a los ojos del amante sorprendido y sintió que finalmente se había liberado.
La próxima vez tendría que reunir el valor para decirlo.
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